martes, 8 de enero de 2013

El toro lidiado más grande de la historia

Publicado por Javier Torres en La Gaceta

El toro lidiado más grande de la historia 
El valiente fue el diestro mexicano David Liceaga, que mató a la fiera en la Monumental de Barcelona en 1932.
Desde luego, ni unos ni otros jamás tuvieron que discutir por un toro como el que el temerario David Liceaga se atrevió a lidiar en la Monumental de Barcelona el 24 de julio de 1932. Ese día, el diestro mexicano contempló atónito como de la puerta de toriles salía una bestia de 950 kilos. Liceaga no se lo pensó y armado de valor se peleó con la fiera hasta lograr darle la estocada ante el asombro de la afición barcelonesa. Posiblemente el torero no lo sabía, pero ese día pasó a la historia de la Tauromaquia al lidiar el toro más grande jamás visto en una plaza.

A pesar de su gesta, hoy el nombre de David Liceaga dice poco en el panorama taurino español. El torero mexicano no solo destacó por matar al toro más grande de la Historia, sino que fue muy del gusto de la afición española en los años treinta por su manera de gallear. Tomó la alternativa en España el 21 de julio de 1931 en la Monumental de Barcelona donde tuvo como padrino a Manolo Bienvenida y como testigo a Domingo Ortega. El 25 de septiembre confirmaría alternativa en Madrid. Se retiró de los ruedos el 11 de enero de 1959 en la localidad mexicana de Mérida, en Yucatán.

viernes, 4 de enero de 2013

Diez frases toreras

Artículo publicado en el diario ABC

 Toros / DIEZ FRASES toreras

Dalí: «En una corrida podría morirme de una sobredosis de susto y gusto»

Muchos han sido los intelectuales y artistas, españoles y extranjeros, defensores de la Fiesta. En ABC.es recopilamos diez frases para enmarcar

José Bergamín: «El toreo es un doble ejercicio físico metafísico de integración espiritual en el que se valora el significado de lo humano heroica o puramente, en cuerpo y alma, aparentemente inmortal».

Albert Boadella: «El antitaurino es una cosa legítima; otra cosa es la taurofobia. Han aparecido estos creadores de una nueva religión que prohíbe y persigue. Se ceban en una actividad que ha promovido un animal semisalvaje al que se le ha respetado su territorio. Un ecologista profundo sería un forofo de la existencia del ganado bravo. La pérdida más grave si desapareciese la Fiesta es su valor ecológico».

Gabriel Celaya: «Soy un íbero y si embiste la muerte, yo la toreo».

Salvador Dalí: «En una corrida podría morirme de una sobredosis de susto y de gusto»

Gérard Depardieu: «Los antitaurinos son más violentos que todos los matadores de toros».

Federico García Lorca: «El toreo es la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar; creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo».
Ernest Hemingway: «Es moral lo que hace que uno se sienta bien, inmoral lo que hace que uno se sienta mal. Juzgadas según estos criterios morales que no trato de defender, las corridas de toros son muy morales para mí».
Ramón Pérez de Ayala: «Si yo fuese dictador en España, prohibiría las corridas de toros; como no lo soy, no me pierdo ni una».
Benito Pérez Galdós: «Se puede decir que el día que no haya toros los españoles tendrán que inventarlos».
José Ortega y Gasset: «La historia del toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda».

miércoles, 2 de enero de 2013

El Monarca del Trincherazo

Silverio Pérez, “Monarca del Trincherazo”, fue una figura del toreo que alcanzó niveles pocas veces vistos en la década de los 40.



El 18 de octubre de 1931 recibió en Veracruz el cadáver de su hermano, el matador Carmelo Pérez, quien tras haber sido herido gravemente por las astas del toro “Michín”, enfermó de pulmonía y se había trasladado a Madrid para intentar salvar su vida.
En ese momento, Silverio prometió ser torero ante el cuerpo de su hermano para, de alguna manera, lavar su muerte, que tuvo al toro como principal exponente. Nadie imaginaba lo que en un fututo lograría Silverio en el mundo de la fiesta brava.

Desde que Silverio Pérez debutó como novillero, dejó ver una nueva forma de torear, combinando alegría con sentimiento, fusionando la técnica española con la fortaleza indígena, a tal punto que su pasodoble dice “¡Torero, torerazo, azteca y español!”.

Después de irse a España para actuar algunas tardes, el maestro Silverio tomó la alternativa en Puebla el 6 de noviembre de 1938, teniendo como padrino a Fermín Espinosa “Armillita” y a Francisco Garráez como testigo. Confirmó en la plaza de toros El Toreo de la Condesa el 11 de diciembre del mismo año. De nueva cuenta fue su padrino “Armillita”, un figurón que siempre apoyó a Silverio.
Desde que se convirtió en matador de toros, Silverio subió rápidamente en el escalafón y en poco tiempo se situó entre los toreros más destacados de su época, rivalizando con Manuel Rodríguez “Manolete”, a quien enfrentó en plazas mexicanas y españolas.

El también conocido como “El faraón de Texcoco” ejecutaba el quite de la chicuelina como quizá ningún otro torero vuelva a hacerlo. Con la muleta, su toreo derechista quedará por siempre en los anales de la fiesta, además de inmortalizar el elegante muletazo del trincherazo. Silverio poseyó, además, una personalidad y una elegancia únicas dentro de la historia del toreo.

Silverio Pérez fue el primer matador en cortar un rabo en la Plaza de Toros México, éste al toro “Barba Azul” de la ganadería de Torrecilla, dentro de la segunda corrida en la historia del monumental coso.

Se recuerdan grandes faenas del “Compadre”, pero para muchos, la mejor fue la que le realizó al toro “Tanguito” la tarde el 31 de enero de 1943, día en que tomó la alternativa otro torero muy importante, Antonio Velásquez, “Corazón de León”.
A pesar de poseer una técnica privilegiada, “El Monarca del Trincherazo” sufrió varios percances de consideración. El más grave fue la cornada en un testículo que le propinó el toro “Zapatero” en 1944, curiosamente cuando toreaba con la mano izquierda, que casi nunca usaba.

Si algo se le puede recriminar a Silverio, es su poca variedad con la muleta, ya que su toreo se centraba en la mano derecha. Pero la afición ni se acordaba que existía la izquierda cuando Silverio cuajaba grandes faenas con la diestra, faenas que hacían que el público llorara de emoción en el tendido.

La despedida vino el 1° de marzo de 1953 en la Plaza México, lidiando un encierro de la dehesa de San Diego de los Padres. Desde ese entonces, Silverio se convirtió en leyenda, además de ser siempre un referente para los jóvenes novilleros que apenas iniciaban.
Retirado, Silverio vivió en Texcoco, al lado de su esposa María de la Paz Domínguez “Pachís”, ayudó a algunos jóvenes que querían iniciarse en esta difícil actividad e, incluso, incursionó en la política, siendo Presidente Municipal de su tierra.

Silverio Pérez fue un torero de época, ejemplo y admiración de las generaciones posteriores.

El Trincherazo del Cid

Extraído de la web oficial de Manuel Jesús "El Cid"

"Igual que en el pase de pecho, me gusta mucho más el trincherazo con la mano izquierda que con la derecha. Puede que con la derecha sea más fácil dar el muletazo, pero siempre he preferido darlo con la izquierda porque tengo menos muleta y puedo jugar más con los vuelos. Creo que es mucho más puro, traes al toro en los flecos metido y lo ves pasar muy despacio. Con un leve toque de muñeca lo abres."

Puedes ver una galería fotográfica del Maestro ejecutando la suerte del Trincherazo pinchando aquí.

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¿Toro bravo o animal de granja?

Publicado por François Zumbiehl en ABC

Bastión en la defensa de la Fiesta en Francia, propone la creación de una denominación de origen en las ganaderías de bravo que reúnan los requisitos necesarios

¿Toro bravo o animal de granja?
Óscar Chamorro
 
En el argumentario presentado para la inscripción de la corrida en la lista del patrimonio cultural inmaterial de Francia, el tema ecológico ha tenido un impacto importante. Se ha insistido en el hecho de que el toro bravo vive en libertad durante cuatro años, bajo una mínima vigilancia del hombre, en espacios extensivos que preservan la fauna y la flor salvajes, que él mismo es un compendio casi perfecto de la alianza entre naturaleza y cultura, y que la Fiesta está basada en el respeto y el mantenimiento a toda costa de su condición de animal bravo, es decir de origen salvaje.
Pues bien, viendo los resultados de la última temporada, donde en demasiadas ocasiones los toros de las figuras, en el mejor de los casos, «se dejan», uno se pregunta dónde va a parar la pérdida de casta. Uno se pregunta además si las condiciones de cría de este ganado corresponden a lo que ha sido mencionado en la ficha francesa, o si ya se trata de una presentación idílica de la realidad, salvo muy honrosas excepciones.

Es obvio que cada vez más vivimos en una sociedad donde impera la rentabilidad, donde también la apariencia a los ojos del consumidor prima sobre el fondo. Como los melocotones con sus colores relucientes, los toros tienen que impresionar por su tamaño, su peso – lo que descarta muchos encastes antiguos - y sus pitones astifinos. Luego viene la incógnita del sabor para los unos, y de la casta para los otros. La rentabilidad se impone asimismo al espectador y al torero, por lo menos al que se encuentra en condiciones de hacer prevalecer su criterio, y eso exige que el toro colabore inmediatamente, que no ofrezca casi resistencia, que no haga perder tiempo con los tanteos de la lidia, y que permita el número suficiente de pases como para cortar orejas, lo cual da fe al público-consumidor que no ha perdido el dinero de la entrada.
La rentabilidad también se impone al final a muchos ganaderos y les lleva a reservar para su ganado cercados cada vez más reducidos, ahorrando de esta manera espacios para actividades más productivas que el pasto, y por supuesto a colocar fundas a los toros para que no se estropeen los pitones y no se pierdan animales por ser heridos o muertos en las peleas del campo.

Resultado de las manipulaciones

¿Cuál es el resultado de todas estas manipulaciones, que se juntan con las que imponen los reglamentos sanitarios exigidos por Europa, y con las que sirven para fortalecer las patas de los animales debilitados por no tener ya la posibilidad de recorrer a su aire amplios espacios? Pues que el toro bravo, por su imagen – ¡nada más feo y contraproducente para el significado de la Fiesta y su valor ecológico que ver a estos animales enfundados y acorralados! –, por su convivencia acentuada con el hombre y me temo que por su comportamiento, está cada vez más cerca del animal de granja que del animal salvaje.
Si de verdad queremos preservar el equilibrio fundamental de la tauromaquia y defender la idea que constituye, más allá de las consideraciones económicas, un auténtico patrimonio cultural, todos tenemos nuestra responsabilidad. Los toreros tienen que considerar el medio y no sólo el corto plazo en sus exigencias en cuanto al ganado. ¿Vale la pena acumular tantas tardes grises con toros descafeinados, sobre todo cuando uno es torero de poder y podría triunfar clamorosamente con animales más encastados? A los aficionados conviene aprender o reaprender a asumir las incertidumbres inherentes a la Fiesta, saber aplaudir a los toreros que lidian de forma decorosa incluso cuando el toro no les permite estar lucidos.
Tienen que aceptar también que los pitones estén a veces astillados o ligeramente estropeados precisamente porque están intactos y porque estos defectos se deben únicamente - ¡no seamos mal pensados! - a las vicisitudes naturales del campo. ¡Un cuerno astifino puede ser tan artificial como las uñas largas y puntiagudas de algunas señoras!

De la tradición al negocio

Pero la responsabilidad mayor incumbe sin lugar a dudas a los ganaderos. Merecen el respeto de los otros profesionales, de los aficionados, y la protección al mismo tiempo que la vigilancia de las autoridades autonómicas y estatales. Y ahí se me ocurre que hay que marcar una clara diferencia entre los que buscan ante todo el negocio y los que tratan de mantener hasta el límite de lo posible la tradición ganadera en toda su autenticidad.
¿Por qué no pensar en distinguir a estos últimos, si cumplen con los requisitos marcados por la autoridad en concertación con los profesionales, con una señal comercial comparable, en el campo de la agricultura y de la viña, a la «denominación de origen» o a los «productos biológicos», algo como «ganadería dedicada a la cría ancestral del toro bravo»? Claro está, tal denominación deberá ser tomada en cuenta por los empresarios y por el público, comunicada a las autoridades europeas para conseguir dentro de lo posible dispensas en las innumerables obligaciones sanitarias, y, desde luego, corresponder a un precio mínimo obligatorio, a convenir, para la compra de dicho ganado. Este precio debería, en particular, integrar el porcentaje de pérdidas de animales en el campo, del mismo modo que la venta del pescado fresco – por eso es más caro que el congelado – integra el porcentaje de pescados que resultan inaptos para el consumo.

Equilibrio entre naturaleza y cultura

Por supuesto, estos no son más que los principios de base para preservar, como lo he dicho antes, el imprescindible equilibrio entre naturaleza y cultura, fundamento a mi modo de ver de la cría del toro bravo. Luego viene todo el trabajo de selección y de determinación de los criterios por parte del ganadero. A este respecto sueño con una Fiesta en la que el toro vuelva a ser el protagonista, con ferias en las que el empresario elija las ganaderías ateniéndose a las exigencias de los públicos y después contacte con los toreros interesados en matarlas…
Estas propuestas pueden ser tachadas de ingenuas o utópicas, molestar a algunos profesionales, bien lo sé. ¡Ojalá estimulen otras propuestas mejores aún! En los toros, como en la vida, hay que arrimarse y adelantar la pierna para tener futuro.